lunes, 14 de julio de 2008

un espacio para la pintura

Este domingo lo pasé en el chalé de mi abuela.
Estaba recogiendo la pinaza, pues con la lluvia estaba todo lleno. Sin embargo me quedé contemplando un camino de piedra y cemento que unía la entrada a la casa con un espacio con una mesa redonda y sillas, también de piedra. La luz se filtraba a través de los pinos y rebotaba en el cemento mojado y las piedras. Empecé pues a pintar ese camino con la pinaza, sin retirarla. Tengo que decir que quedó precioso, los tonos de luz sobre el gris del cemento, las piedras de varios grises amoratados y la pinaza marrón rojizo invitaban a quedarse mirando y pasar. Me negué a hacer una foto, pues consideré que su naturaleza era efímera y propiedad de mi abuela y la familia allí reunida.
Mi sorpresa fué que siguieron recogiendo la pinaza del jardín, y nadie tocó la del camino.

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