Este domingo lo pasé en el chalé de mi abuela.
Estaba recogiendo la pinaza, pues con la lluvia estaba todo lleno. Sin embargo me quedé contemplando un camino de piedra y cemento que unía la entrada a la casa con un espacio con una mesa redonda y sillas, también de piedra. La luz se filtraba a través de los pinos y rebotaba en el cemento mojado y las piedras. Empecé pues a pintar ese camino con la pinaza, sin retirarla. Tengo que decir que quedó precioso, los tonos de luz sobre el gris del cemento, las piedras de varios grises amoratados y la pinaza marrón rojizo invitaban a quedarse mirando y pasar. Me negué a hacer una foto, pues consideré que su naturaleza era efímera y propiedad de mi abuela y la familia allí reunida.
Mi sorpresa fué que siguieron recogiendo la pinaza del jardín, y nadie tocó la del camino.
lunes, 14 de julio de 2008
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